Me perdí en tu mirada
en camino hacia el trabajo,
hipnotizado, bostezando bajo,
ante el embate de la rutina...
No conocía tu rostro, tus ojos;
tan menudita y tan femenina.
Perdí el cielo en tu alma...
¡Qué cruel encrucijada
el destino depara!
Atontado, borracho sin
beber vino. Ví tu ángel
alumbrándome el camino.
Era luz vehicular en
la tempranera mañana,
el rostro del enamoramiento,
como salida del sol...
Destino.
Jaher