edgardo vilches

El medio día

Sin horizontes

y perseguido por la niebla

desato la palabra que produzca primaveras;

 

Me estaciono en la esquina del destino

con una flor en mi mano izquierda

esperando un oxigeno nuevo.

 

Soy un pivote de la lluvia,

que en mis venas repica dulce y grises.

 

Sin embargo, en mis soledades insondables,

los mundos se agrupan en mi interior

como países con banderas extrañas

que flamean en un incipiente adiós.

 

Soy el corazón de una poesía

que ya no existe

y el futuro está coaptado por verbos

que se enhebran en el cerebro.

 

Es la vocación de un silencio

espaciados por las gradas

de los aplausos rotos.