Sin horizontes
y perseguido por la niebla
desato la palabra que produzca primaveras;
Me estaciono en la esquina del destino
con una flor en mi mano izquierda
esperando un oxigeno nuevo.
Soy un pivote de la lluvia,
que en mis venas repica dulce y grises.
Sin embargo, en mis soledades insondables,
los mundos se agrupan en mi interior
como países con banderas extrañas
que flamean en un incipiente adiós.
Soy el corazón de una poesía
que ya no existe
y el futuro está coaptado por verbos
que se enhebran en el cerebro.
Es la vocación de un silencio
espaciados por las gradas
de los aplausos rotos.