Las abolladuras que ciñen
mi corazón, acorazado
con la armadura pulida del olvido
y el fatigado reflejo
de mi sombra frágil y encorvada,
adornan, como corona de espinas
tejida por mi mismo,
la maestría del destino al unir,
como sayones que me azotan,
los reproches a mi suerte
con mi desnudez de penitente
y mil lágrimas por la derrota.
JOSE ANTONIO GARCIA CALVO