UNA PISCINA DE TAMAÑO OLÍMPICO
Y con grada cubierta, y sustentada esa cubierta
del tejado por vigas de madera noble,
y con un sol que hacia justicia en el verano
contra el agua azul transparente
pues el fondo duro del piso estaba pintado
de un azul color cielo.
Y tenía además la piscina un salvavidas
salvaje trabajando,
que era un hombre moreno, delgado
y también tatuado, que había sido legionario.
Y los días pasaban de manera altanera
pues la luz daba de lleno, en oleadas,
caía como pesada, ¡y qué soles aquellos!
los de entonces, no menguaban ni siquiera
ya entrados en el otoño.
Y Don Valentín, que ya era un viejo alto
y con pelo todavía, que usaba bastón y gafas
algunas veces y que nadaba
todos los días un poco, un par de largos,
que era algo así como un dandy,
tieso y todavía coqueto.
¿Y cómo recuperar, don Valentín, todo,
el ambiente espléndido y de lujo
y no solamente la piscina de largo olímpico,
las habitaciones confortables
y los cómodos salones y saloncitos?
¿Cómo revertir este proceso?
Gaspar Jover Polo