Mis manos
te han extrañado
como no te imaginas…
Cada noche
reclaman
el tacto
de tu rostro
y
el leve
toquecito
a tus labios
que
liberaba
el beso
más tierno
de mi día,
te reclaman
en la madrugada
cuando
buscan
en tinieblas
la ligera figura
que
compartía su calor;
con su mudo lenguaje
estas lánguidas manos
me argumentan
su necesidad de ti,
de tu aliento
en su palma
mientras
mi pulgar y mi índice
frotaban
tu mejilla,
silenciosas
me exponen el recuerdo
de aquellas mis manos de niño
que alguna primera vez
desprendieron vigorosas
tu sosten de mujer
y sin la experiencia de la vida
se enfrentaron
victoriosas
al tierno y primogénito contacto
con tu suave piel.
Estas manos
melancólicas
han llorado tu ausencia
cada noche
desde que no estás,
cuando puedas
vení a visitarnos
que febriles
esperamos tu regreso,
estas
mis manos tristes
y yo.