Y media vida buscando un sentido,
la correcta ecuación.
Qué algoritmo te podría salvar de la debacle,
del oscuro túnel sin salida
y de esa indeterminada noche que acecha
e incita a la sobredosis de lunas intramusculares
y al asesinato en serie
de brujas, hombrecitos mágicos
y grillos del jardín...
Media vida removiendo el puzzle latente,
travieso de la existencia.
¿Dónde la certeza, la felicidad?
¿Quizás entre muelles de prozac o en barras reveladoras
como playas vírgenes en los crepúsculos?
¿Acaso en butrones contra las blindadas cerraduras del alma,
en citas al gusto de ese insomne explorador
fundido a una pantalla o entre consejos
paternales con perfume de naftalina...?
¿O simplemente en lecturas en infusión
para levitar sobre aquellos desiertos urbanos
adictos al escalofrío? ¿Sprays anti-sueños?,
¿mansedumbres orgullosas a media jornada?,
¿amaneceres místicos en la falda del Everest
u ocasos chill out & MDA algún agosto surrealista
en el Café del Mar de Ibiza?
¿O quizás en las infalibles velas
de tu añorada abuelita al Santo...?
¿Pudiera estar en tu primer bien inmueble
o en tu último verso?,
¿puede que en ese bebé, apretando mágicamente
con su débil manita tu dedo índice?
¿Será en el eco de aquella chica del metro
de ojos verdes y voz dulcemente rota
cantando a capela el \"Blowing in the Wind\",
o tras el silencio más atronador,
donde yace el pin mágico?
¿Tal vez en tus ocho euros mensuales contra el vacío
que engorda antiestéticamente las barriguitas
a granel del tercer mundo?
¿o en su defecto, en el húmedo y cálido lamido
de un cachorro de beagle en tu cara?.
Incluso en el trueno nocturno y amigo
que te devuelve la respiración
ante la campeona mundial de las pesadillas.
¿A lo mejor será ese jadeante aliento,
su hambrienta lengua, llamando distraídamente
a los arcenes de tu braguita?,
O aquel culo firme y duro, frotando a traición,
suave y rítmicamente, tu sorprendido y colgante
alien radioactivo creciendo bajo tus jeans
(esto último, a ser posible, disfrazado de amor
al galope de corceles blancos y envuelto
en aroma a pino y mousse de sirena
con perdices \"made in el País de las Hadas\")?
Hoy el atardecer se despide con una sinfonía
de mil tonos rojos sobre el cielo,
a modo de inconexas y psicotrópicas respuestas.
Mientras, el viejo Sigmund se parte de risa
tumbado sobre un mullido sillón,
entre nubes de nieve tropical, crecido y orgulloso
desde su iridiscente buhardilla en el más allá.