Que hermoso ser agua.
Fluimos y nos mezclamos.
Andamos con sed
y a veces nos desbordamos
hasta el punto exacto
de dejar caer lágrimas
para vaciarnos,
para soltar,
para liberar el ancla.
El ancla pesa.
Alguien la dejó caer.
Alguien deberá volver a izarla.
Siempre en contacto con el agua
que también dejamos entrar.
Si miramos con ojos de esperanza,
el agua nos sostiene
y no nos deja a merced del viento.
Si miramos con desesperanza,
nos hunde
y nos aparta de la tierra firme.
Pero hay luz a lo lejos.
Sí la hay.
Hay tierra.
Hay rumbo.
Hay ancla en mi barco
y fuerza en mis brazos
para levantarla.
¿Está todo escrito?
¿O lo escribimos hoy?.