LOURDES TARRATS

LA DEUDA LUMINOSA

 

No es adorno.

Es un collar de oro
que cuelga del cuello del poeta
como una deuda luminosa.

Cada eslabón
no es metal:
es memoria.

Un verso que ardió demasiado.
Un nombre que no regresó.
Una herida que aprendió
a pronunciarse.

El poeta no lo exhibe.
Lo carga
como quien acepta su destino.

Y en cada palabra
tintinea
una historia que se niega a soltarse.

Hay poemas nacidos del llanto,
otros del júbilo inesperado.
Pero todos
han atravesado la garganta
como un fuego necesario.

El viento trae emociones —
sí.
Pero es el corazón
quien decide
si las convierte en oro
o en silencio.

Porque escribir
no es encadenar sentimientos.

Es fundirlos
hasta que puedan sostenerse
alrededor del cuello
sin traicionar su peso.

Y a veces —
cuando el mundo duerme—
el poeta toca ese collar
como quien toca una cicatriz
y recuerda

que el oro
no era riqueza,

era herida
que aprendió a brillar.

—L.T.

POETAS SOMOS…