Como la noche da paso al día,
y la luna permanece atenta,
preparando el siguiente amanecer.
Vivir en armonía con uno mismo
para alcanzar la mejor versión
y ofrecerla a los demás.
Ante quien no lo merezca,
apartarse con decoro
y dejarlo marchar.
Saber que la mejor versión
de uno mismo nunca está terminada,
que dar es crecer
y siempre vuelve más
de lo que se entrega.
Enfrentando lo que venga:
niebla, tormentas o tempestades,
hasta que vuelva
la luz del sol.
Como la tierra pide raíz y el agua,
para dar vida al árbol
y oxígeno al aire.
Saber que vivir es origen y destino,
es principio y fin...
¿Es o no,
un viaje fascinante?