Gracias, poeta.
Bajo la cúpula eterna de la poesía, constelada de títulos centelleantes inspirada y hechizada, soy
como vosotros
una sembradora de estrellas.
Al aceptar la invitacion a la danza sutil de los verbos
con almas invisibles y sin embargo entregándose
embalsamadas por su música única mas universal
estoy nombrando a una estrella más
en el mapa de mi cielo
joya atesorada en un cofre de luz.
No elijo el poema
sino que el poema me encuentra.
pues el poeta es el que traza el camino
buceando en sí mismo para buscar collares de imágenes
y luego traérmelos
envueltos en papel de arcoíris.
Cada estrella
esquirla de espejo en la cual me miro
me lleva con delicadeza
hasta un fragmento
de mi esencia propia
reconociéndose, sorprendida o cómplice
pero siempre vibrando al unísono.