Observador...

Yo no soy poeta

No soy poeta, o al menos eso siento yo,
Ya que cuando escribo no siempre hay intención.
Solo salgo de la realidad y fantaseo con mi labor,
De que cuando escribo el mundo no está a mi favor.
Yo no soy poeta, solo soy una mente en esta ciencia,
Que cuando escribe piensa, como también ve siluetas.
Que si el día de mañana mi cabeza ya no despierta,
Entiérrenme con mis libros, es toda mi existencia.


¿Que si sé hacer algo?
Pregunta el entrevistador; yo le respondo que:
Observar la vida es mi labor.
Que no consumo cigarrillos, sino tinta al por mayor,
Y hojas de poesía que maduran mi razón.
¿Que si soy adicto a algo?
Dice el entrevistador, y yo le respondo:
Sí, ¿pensar es una adicción?
Mientras me imagino lejos de toda esta multitud,
Y me veo en alguna choza con lluvia y plenitud.


Mientras toco la realidad triste y sin sabor,
Mientras le respondo al entrevistador:
“¿Sí hay puesto para esta labor?”
El entrevistador, confundido, sin respuesta en su dicción,
Preguntándose a sí mismo: ¿Tanto estudio y tan poca salud?
Mientras yo, absorto por lo que diría el entrevistador,
Mientras me sigo imaginando un Dios que cure mi salud.
Que no es física
(Aunque su aspecto refute lo contrario),
Quizás es del bienestar, de la salud mental a pesar de su corta vida.


Prosiguiendo con el entrevistador, lo miro a los dos ojos y le digo:
¿A dónde se fue tanto valor?
Con su aspecto algo deteriorado, sin sueños, quizás sin razón.
Lo examino con más exactitud y más concentración,
Y veo y digo: ese entrevistador era yo.


Mirándome al espejo, preguntándome:
¿Quién soy yo? ¿Si vale la pena vivir?
¿O es un truco de algún otro Dios?
Mientras más me pregunto, menos respuesta a mi salud,
Y descanso en mi cama
Para mañana volver al entrevistador.