Bajo el manto oscuro de la noche serena,
la luna es mi mensajera, luz que no se quiebra.
Dos almas que se aman, distantes en el tiempo,
se encuentran en su brillo, se hablan en el silencio.
Tú, allá en tu mundo, yo aquí en el mío,
miramos la misma luna, espejo del frío.
Ella guarda mis palabras, susurros en plata,
y vuela hacia ti, donde el amor desata.
La luna es puente sutil, entre tu pecho y el mío,
lleva versos de anhelo, secretos de frío.
En su luz nos encontramos, sin miedo ni distancia,
dos corazones unidos, por la luna, esperanza.
Cada noche te envío, envuelta en su destello,
mi nostalgia profunda, mi abrazo sin sello.
Y tú, en tu lejanía, me devuelves la voz,
palabras que son viento, que calman mi adiós.
En la fría lejanía, donde el tiempo se estira,
la luna es testigo de la espera que conspira.
Nos llenamos de mensajes, de suspiros callados,
de sueños entrecruzados, de deseos velados.
Aunque el mundo nos divide, la luna es el lazo,
que une nuestras almas en un sutil abrazo.
Y en cada rayo frío que besa las montañas,
se escucha nuestro amor, sin prisas ni mañanas.
Así, bajo su manto, la distancia se olvida,
y la luna, mensajera, mantiene viva la vida.
Dos seres que se buscan, se hablan en la noche,
en un lenguaje eterno, que el tiempo no derroche.
Y aunque no pueda tocarte, ni oír tu latido,
en cada rayo lunar, siento tu suspiro.
Así, en noches calladas, bajo su luz eterna,
mi amor viaja en la luna, tu alma gobierna.