Y de pronto me vi
con la necesidad de abrir aquel cajón
que guarda todo lo que fui,
todo lo que sentí,
todo lo que viví.
Aquellas decisiones
que dolieron,
pero también
me fortalecieron.
De pronto me veo peleando
con aquellos recuerdos
que florecen
desde aquel cajón.
Que a veces
me avergüenzan
un poco,
me alegran
a veces,
y que me duelen
casi siempre.
Y más allá,
al fondo de aquel cajón,
yace aquello
que me hiere
y duele en el alma,
aquello
que busco evitar,
aquello que aún no puedo sanar.
Y si los nombro,
llaman a la tristeza,
quien, acompañada de las lágrimas,
recorre mi rostro,
perdiéndose en mi barbilla,
tocando mi acongojado
corazón.
Entonces lo pienso
y decido quedarme mejor
con lo que está al principio
de este cajón,
con lo que duele menos,
con los recuerdos lindos,
aunque me mienta
un poco.
Así,
es como a veces lo prefiero.
Y de pronto reacciono
y me digo: ya está bueno,
cerrando el cajón
hasta una próxima ocasión.