No tengo una voz
sino mareas.
Corrientes murmuran,
mi mar primigenio.
No ruta, no flecha,
sino redes en seno líquido;
espirales
tejidas en flor.
No tengo sueños.
Son libélulas perdidas,
salpicando la oquedad
con sus prismas.
Rozan inciertas,
ondean la seda,
crean fractales
de luz, pulsando.
Claridad efímera,
tiembla al iluminar
la obscura tinta
con filos de oro.
Mi océano canta.
La espuma escribe.
Las letras nacen,
esfumándose.