En esos momentos en que el silencio pesa…
cuando el camino parece más largo de lo que imaginabas…
y el corazón guarda preguntas que nadie escucha…
una voz interior susurra: --¿De dónde vendrá mi ayuda?
Narrador:
La mirada se levanta lentamente… no hacia el ruido… no hacia el miedo… sino hacia lo alto…
hacia ese lugar donde todavía vive la esperanza.
--¿Aún hay esperanza para mí?
Narrador:
Sí… la hay. Porque tu socorro no nace de tus fuerzas cansadas… sino de Aquel que hizo los cielos y la tierra… de Aquel que no duerme… que no se distrae… que cuida cada paso… incluso cuando no lo notas.
Narrador:
En la noche más oscura… Él permanece. En el día incierto… Él sostiene. Nada escapa a su mirada… nada queda fuera de su cuidado.
--Entonces… ¿nunca estuve solo?
Narrador:
Nunca. Él guarda tu salida… y también tu regreso. Protege tus días de luz… y vela en silencio tus noches de lucha. [Pausa emotiva – Y cuando la montaña vuelve a parecer demasiado alta… cuando el cansancio quiera convencerte de rendirte… recuerda este instante… recuerda levantar los ojos una vez más.
--Mi ayuda… viene de lo alto.
Narrador : Tu vida está guardada. Tus pasos tienen cuidado. Tu historia... nunca ha estado fuera de tus manos. Desde ahora… y para siempre. : Descansa… no caminas solo.
( SALMO 121 )