Para quienes han sentido que la espera, por larga que sea, tiene un límite; para quienes han roto el conjuro de la distancia con el trueno de su propio latido, exigiendo el calor que les corresponde. Porque el amor verdadero no siempre es paciencia: a veces es imán, es grito que rasga el horizonte mudo, es hoguera que convierte cada historia en llama. Que estos versos sean el testimonio de que cuando el alma se niega a ser un nudo, el futuro ya no es una promesa lejana, sino un fuego que arde en el centro del presente, llamando, reclamando, y abrazando al fin la luz del encuentro.
Para ti, mi Pantera Negra.