Aprendí,
a decir una oración
en medio del desvelo de la noche
y esperar que amanezca.
Que no todos los males del mundo
son mi culpa.
Que algún delfín, vendrá
saltando entre las olas y querrá
con su dulzura acompañarme.
Porque,
aunque nadie me busque
yo me encuentro.
L.G.