En el patio cerrado del colegio,
tu presencia volvía celestes las mañanas,
mientras el sol parecía bajar a mirarte,
y yo aprendía a soñar despierto.
Regresabas desafiando la brisa y el sol,
tus mejillas eran una manzana fresca,
tu figura danzaba entre luces tibias,
encendiendo mis tardes de adolescente.
Por las noches asomabas silenciosa,
como estrella tímida entre sombras,
mi corazón temblaba al oír tu nombre,
fuiste la chispa de mi ilusión secreta.
Las aves rendían tributo en tu ventana,
tu fragancia escoltaba mis quimeras,
tus suaves mejillas eran una promesa,
que aún hace estremecer mi corazón.