Donde debía ir un punto
puse comas...
donde la vida pedía un final.
Alargué la despedida
por miedo a la soledad
El corazón temblaba
ante la idea de perder, y prefería herirme antes de caer.
Me aferré a una soga que quemaba sin piedad, justificando sombras
disfrazadas de verdad.
Y cuando al final te solté, el mundo oscuro, caí en abismo lento
frío profundo, inseguro.
Pero hasta en la noche más larga
se esconde un amanecer, y en medio del duelo entendí que también se puede renacer
No siempre amar es quedarse, ni insistir es lealtad
A veces el acto más valiente es elegir paz.
Hoy cierro un libro sin miedo, sin comas que alarguen el dolor.
Donde antes temblaba mi mano, ahora escribimos un punto final.