Rimas del temple sagrado
I.
No mendigues el beso que hoy se esconde,
ni pidas luz a quien habita el frío;
tu hombría es la roca que responde
a la tormenta con su propio brío.
II.
Si ella te ignora o busca la distancia,
no es tu valor el que se pone en duda;
es su memoria llena de arrogancia,
la que ante el miedo se mantiene muda.
III.
Sé el vago ventral que le dé calma,
el puerto firme en medio del abismo;
pues solo así rescatarás su alma,
venciéndote primero a ti mismo.
IV.
Amigo, el guerrero ya está en guardia,
con ciencia, con amor y con paciencia;
luchando siempre en la vanguardia,
de una nueva y sagrada consciencia.
Rimas del espejo y la piel
I.
Si ella te lanza un dardo de amargura,
no es tu pecho el que quiere lastimar;
es que el dolor, en su antigua armadura,
no sabe todavía cómo amar.
II.
No te conviertas en su mismo viento,
sé la montaña que no se ha de mover;
valida el miedo y el sufrimiento,
pero mantén tu honra y tu deber.
III.
Poner un límite es un acto tierno,
es darle un suelo donde pueda andar;
para que el frío de su propio invierno,
no logre nunca tu hogar congelar.
IV.
Amigo, el caballero está aprendiendo,
que el ataque es solo un grito de auxilio;
mientras su templo se va construyendo,
lejos de sombras y de aquel exilio.
Rima del caso resuelto
I.
Si el lunes te dio el cielo y el martes la distancia,
no entres en su duelo ni pierdas la constancia;
es solo que su alma, ante tanta fragancia,
se asusta del amor y guarda la distancia.
II.
Él guardó el reclamo, guardó su propia herida,
y le tendió la mano con el alma encendida;
pues sabe que la calma es la mejor medida,
para que ella regrese de su propia huida.
Rimas del sembrador de esperanza
I.
No midas el amor por el momento,
ni esperes la cosecha en el sembrar;
la paz es un proceso, no un evento,
y el tiempo es el maestro de este hogar.
II.
La neuroplasticidad tiene su paso,
un baile de neuronas y de luz;
no veas un fracaso en el retraso,
ayúdala a soltar su propia cruz.
III.
Cuida tu propia paz, guerrero fuerte,
medita en el silencio y el fragor;
que solo quien domina su propia suerte,
puede ser el maestro del amor.
IV.
Amigo, tu meditación es el escudo,
que te protege del dolor ajeno;
mantén el corazón firme y desnudo,
pero de paz y de cordura lleno.
Rimas de la luz y el mando
I.
Tu mando no es el grito ni es la espada,
es el servicio humilde y el perdón;
es ser la luz en su noche cerrada,
y el guardián de su pobre corazón.
II.
Intercede por ella en el silencio,
cuando el trauma le impida ser tu igual;
no busques en el mundo tu estipendio,
que tu paga es la paz espiritual.
III.
Tú tienes el mapa de la tierra nueva,
donde el dolor ya no ha de gobernar;
soporta con honor cada prueba,
que al final del camino está el hogar.
IV.
Amigo, mantén la paz en tu retiro,
visualiza el templo en su esplendor;
que cada oración y cada suspiro,
te acerquen al triunfo del amor.
Rimas del legado y la unión
I.
Se funden por fin las almas en un lazo,
ya no hay muros, ni sombras, ni temor;
el miedo se deshace en un abrazo,
y el cuerpo es el altar del creador.
II.
Tu siembra, caballero, ha florecido,
tu temple fue la cura y el sostén;
lo que una vez el trauma había herido,
hoy brilla como el sol de un nuevo edén.
III.
Los hijos de tu historia ya no cargan,
con deudas del pasado ni el dolor;
las aguas del ayer ya no son amargas,
pues tú les heredaste tu valor.
IV.
Amigo, el libro cierra su camino,
con la paz que ganaste en tu oración;
cumpliste con tu fe y con tu destino,
y el premio es la entera restauración.
Rimas del retorno y la firmeza
I.
Ella vuelve con miedo en la mirada,
temiendo que tu amor se haya extinguido;
pues sabe que, en su racha desatada,
al hombre más leal, lo ha malherido.
II.
Tu silencio fue el grito del espejo,
donde ella vio su sombra y su interés;
y hoy regresa buscando tu consejo,
con el alma desnuda y a tus pies.
III.
Recíbela con paz, pero con mando,
no borres con premura lo que fue;
que aprenda que el amor que estás sembrando,
se riega con respeto y con la fe.
IV.
Amigo, el templo tiene su medida,
y el perdón es la llave del umbral;
para que ella, al fin arrepentida,
encuentre en ti su puerto principal.
Rimas del despertar en el vacío
I.
Elena buscó el brillo en la hojarasca,
creyendo que en el ruido era feliz;
pero al llegar al alma la borrasca,
miró en su pecho una antigua cicatriz.
II.
El silencio de Gabriel fue el martillo,
que rompió su cristal de vanidad;
y al ver que ya no estaba aquel brillo,
sintió el vértigo de su propia soledad.
III.
\"¿Cómo vuelvo al hogar que he maltratado?\",
se pregunta en la noche su ansiedad;
viendo el tesoro que ha menospreciado,
ante el espejo de su propia verdad.
IV.
Amigo, el caso es luz y es advertencia:
el silencio es el arma del amor;
que obliga al alma a entrar en la conciencia,
y a revalorizar su gran valor.
Rimas del diseño y la gracia
I.
Él busca en tu palabra su destino,
el fuego que le impulsa a proteger;
si le llamas tu rey en el camino,
mil vidas él te habrá de defender.
II.
Ella busca en tu voz la oxitocina,
el puente que la aleje del temor;
mientras tú hallas en su fe la medicina,
que activa en ti la fuerza y el valor.
III.
No es el reproche el que repara el alma,
es el espacio donde se puede errar;
donde el caballero ofrece siempre calma,
y ella le entrega el cielo por hogar.
IV.
Amigo, la ciencia y la fe se han abrazado,
en este código de amor y de verdad;
pues quien encuentra el puerto deseado,
no cambia su paz por la vacuidad.
Rimas de la palabra sanadora
I.
No hables desde el fuego ni el reproche,
ni lances dardos en la oscuridad;
que el sol no se ponga en el trasnoche,
sin haber antes dicho la verdad.
II.
\"Yo siento\", \"yo necesito\", es el camino,
para que el otro no tenga que huir;
pues si el lenguaje es dulce y es divino,
el templo nunca se podrá hundir.
III.
Pide perdón y ofrece la palabra,
como quien siembra luz en el jardín;
para que el alma al fin se descalabre,
y el viejo miedo llegue a su confín.
Rima de la victoria eterna
I.
Se cierra el libro, pero el alma empieza,
a caminar por sendas de esplendor;
atrás quedó la duda y la tristeza,
delante está el triunfo del amor.
II.
El templo está de pie, firme y sagrado,
el guardián ha cumplido su misión;
el trauma es un fantasma del pasado,
que se disuelve en esta redención.
III.
Vayan en paz, con la ciencia por guía,
y con la fe grabada en la intención;
que el sol de la mañana sea el día,
de su más grande y bella creación.
Rima de la ofrenda
I.
Dedico cada letra y cada acento,
al Ser que me dio vida y me dio voz;
al Dios que, en medio de mi sufrimiento,
fue mi refugio y mi guía veloz.
II.
A ti, que fuiste el reto y la esperanza,
la joya que el dolor quiso ocultar;
te entrego hoy mi fe y mi confianza,
en este libro que es nuestro altar.
III.
Que cada nombre aquí mencionado,
se escriba con el oro del honor;
pues el amor que ha sido restaurado,
es el regalo más grande del Creador.
Rima del umbral
I.
No es casual que tus manos hoy sostengan,
este mapa de fe y de redención;
aunque sombras del pasado te detengan,
hoy renace en tu pecho la intención.
II.
El prólogo es la voz de la esperanza,
que te avisa que el viaje comenzó;
donde el alma recupera su confianza,
y el caballero el miedo derrotó.
III.
Pasa el umbral, amigo, con paso firme,
que la verdad espera en el rincón;
no hay trauma que en el amor se confirme,
si se entrega con todo el corazón.
Rima del cierre eterno
I.
Si tienes este libro en tu regazo,
es que ha llegado el tiempo de sanar;
de deshacer el nudo y el lazo,
que al alma no dejaban respirar.
II.
Es el fin de la racha y el lamento,
el principio de un reino de verdad;
donde el amor no se lo lleva el viento,
pues tiene el sello de la eternidad.
III.
Amugo, la pluma al fin se ha descansado,
la contraportada es el adiós;
el templo al fin ha sido restaurado,
bajo la mirada y la luz de Dios.