Es mi autismo, mi déficit atencional,
esta mente bailando en mil direcciones
mientras el mundo exige una canción.
Cariño, me estoy volviendo loco
es mi déficit atencional
en el silencio que grita,
en el ruido que ahoga.
No puedo poner atención
a lo que todos dicen que importa.
Mis ojos aquí,
mi cerebro allá,
viajando por constelaciones invisibles,
persiguiendo luces que mueren
antes de ser nombradas.
No escucho lo suficiente
o escucho demasiado:
el zumbido de luces fluorescentes,
el roce de telas,
el latido de mi propio miedo ruge en mis oídos
susurrando que no soy suficiente.
Me atormentan fantasmas y espectros,
no de muertos, sino de vivos:
conversaciones que no entendí,
gestos que no capté,
conexiones que se escaparon
como agua entre mis dedos.
Fantasmas de quien debería ser,
de quien esperaban,
del cerebro con mis neuronas locas,
que no les importa la sinapsis
de la calma inalcanzable.
Pero en este caos:
Cariño, no me estoy volviendo loco.
Me estoy volviendo yo