Nadie es de nadie, lo aprendí llorando,
cadenas invisibles que yo mismo forjaba,
olvidando que las alas no se rompen, se entregan.
Las acciones hablan más fuerte que las palabras,
y yo escuchaba promesas en el viento,
mientras tus pasos caminaban hacia puertas
que jamás incluían mi nombre.
Es mi autismo , es mi déficit atencional,
Cariño,me estoy volviendo loco
No puedo poner atención
No estoy escuchando lo suficiente
los fantasmas me atormentan.
Aprendí que puedes ser bueno sin ser tonto,
que la bondad no exige arrodillarse,
que dar la mano no significa volverse tierra
donde otros siembran y nunca cosechan.
Lo que permites, continúa, susurró la vida,
y comprendí que mi silencio era complicidad,
que tragando palabras
alimentaba dragones que luego me quemaban.
Tu paz mental no es negociable,
me dije el día que elegí mis batallas con sabiduría,
el día que entendí que no toda guerra merece soldados.
Nadie puede quererte más de lo que tú te quieres,
buscar en otros lo que no me daba
era mendigar migajas cuando merecía banquetes,
era olvidar que yo mismo era el hogar que buscaba.
El tiempo perdido no regresa,
y duele reconocer los años invertidos
en jardines ajenos mientras el mío moría de sed.
Pero todo lo que das, regresa,
y lo que di con amor verdadero
regresó multiplicado desde el universo mismo.
Hoy camino ligero, sin cadenas,
nadie es de nadie, y en esa verdad encuentro libertad,
porque el amor no posee, el amor libera,
y quien ama de verdad nunca retiene.
Si acaso te vas, o si me voy yo,
llevaremos memorias, no culpas,
porque las personas no son destinos,
son compañías hermosas en el viaje.
Porque al final del día,
las reglas sociales no se escriben,
se aprenden con cicatrices y sabiduría,
pero todos podemos elegir
cómo queremos caminar
mientras dure la travesía.