Amanece, la claridad del cielo
tiembla, el ambiente se descobija
alguna vez el sol en su vasija
atrapa el débil rayo del suelo.
El viento con humilde paciencia
toca la niebla y el aroma terso
deslinda el viaje al único verso
que repite su sagrada inocencia.
Oye el canto romántico del ciervo
en la maraña de mi oro acervo
con su bella gracia en la almohada.
Silbido de la niebla brota en rosa
como la afrodisíaca diosa
que emerge de la fuerte calzada.