«Me gustaría pagar la compra con un poema, pero solo aceptan tarjeta o efectivo»
Yolanda Castaño.
Pagar con un Poema!
Me acerqué al mostrador con las manos llenas de metáforas.
Traía un puñado de lluvias
dos atardeceres todavía tibios
y una palabra recién nacida.
La cajera no miró mis versos.
Miró el código de barras.
¿Tarjeta o efectivo?
Intenté explicarle
que el poema tiene saldo infinito
que una imagen puede pagar el hambre
de un siglo entero.
Pero la pantalla solo parpadeó
como un dios sin imaginación.
El mundo acepta números.
No acepta alas.
El pan cuesta tres monedas.
La leche, cuatro.
El silencio, ninguno.
La ternura no está en oferta.
El asombro no tiene precio marcado.
La belleza no trae descuento.
Yo quise pagar con un soneto
recién horneado en la madrugada
pero la máquina no supo leer
la tinta del alma.
Quizá el error no está en la tienda
sino en nuestra manera de medir
lo que vale vivir.
Pasé la tarjeta.
La vida siguió funcionando.
Pero algo quedó impago:
la necesidad de que el mundo
acepte como moneda
la respiración del poema.
Algún día, pienso y espero
habrá un mercado donde el pan
se compre con gratitud
y la leche con memoria.
Y entonces sí
una metáfora bastará
para sostener el universo.
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