Para quien ha sentido que un beso no es solo un roce de labios, sino un terremoto que descoloca el tiempo y un refugio que hace más hondo incluso el dolor; para quien sabe que besar puede ser a la vez oración, tormenta y ofrenda silenciosa. Que estos versos recuerden que en el encuentro de dos almas desbocadas, el beso se convierte en el lenguaje más antiguo y verdadero: aquel que no necesita palabras para sanar, temblar o eternizar el instante.
Para ti, mi Pantera Negra.