Tus rojos resplandores de rubí pones
ante el asedio de sombras irritadas;
son almas que pretenden ser amadas,
pero solo encadenan corazones.
Forjando el sentimiento desde el pecho,
visten de gualda o tonos encendidos;
si es mío, es un martillo en los oídos,
un yunque que me deja insatisfecho.
Amado amor que cruje en los umbrales,
me castigas con vidas derruidas;
hoy son solo figuras desvalidas,
un sentir de silencios sepulcrales.
Vence el fervor a todas las razones,
son locas ansias hoy convocadas,
en la celda del alma preservadas,
pues el tiempo desata sus pasiones.