¿Qué hacéis aquí, mi señora,
en quieta noche de marzo,
cuando aún braman mis mares
penas hondas y quebrantos?
¡Cómo miráis, mi señora!
Vuestra sangre de la Marca,
va laureada en pendones
que os azuran la mirada.
¿Vuestra sonrisa, señora?
Es imagen tan serena,
que de lejos la he mirado
y el sosiego en ella queda.
¿Qué hacéis aquí, mi señora?
Sabed, soy vuestro juglar,
y si en versos os retengo,
no me podréis acusar.
Claudio M. López ©