Tus besos me dejan sedienta; es inevitable la carne de tus labios cuando nos amamos.
Es inconfundible el olor de tu cuerpo, que me quema y me consume entera.
Me encanta tu piel con la mía, que no me deja pensar, y tu saliva de entero deseo,
porque te quiero marrón y carmín,
porque te quiero blanco frenesí.
Y en la oculta rabia del día y en la furia pronunciada de la noche, las flores hablan de ti; dicen que tu también me quieres carmesí.