Mi religión es tu rostro
y mi bendición tus labios,
mi oración tus bellos ojos,
mi salvación tu regazo.
Me postro ante tus silencios,
peregrino tras tus pasos,
ayuno de mis deseos
por un instante a tu lado.
Quiero atraparte en mis sueños
y te escapas todo el rato.
Eres como el suave viento:
me besas y huyes volando.