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BAILANDO CON LA MUERTE

No sé dónde estoy.
La luz es suave,
el silencio también.

El frío ya no pesa,
me arropa.
El corazón late lento,
como si se estuviera despidiendo.

Alguien me invita a bailar.

No hay miedo.
Solo calma.

Un paso ligero,
un giro lento.

Mis manos se sueltan del mundo,
mi cuerpo se vuelve brisa.

Y en ese último compás,
cierro los ojos…

y descanso.