Son cartas del alma,
cuando te escribo poemas sin aflicción o con ella,
con entereza o con flaqueza...
¡Ay, Virgen amada!
que tu invocación bien que me ayuda en esta vida,
al pensamiento y la conducta...
Y de alba luces tu pulcra,
tan llena del poder del amor, y de tu luz dadivosa,
que sobre mi cae tu caricia...
Aunque la vida sea fuego y quemadura,
de tanta malevolencia,
la Virgen María desde el cielo me acompaña...