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Cuarto doloroso

 

Mañana tardía, sin penas ni glorias.

Dos toques en la puerta: tock tock.

La ventana se abre al tiempo de mi pecho desgarrado.

 

Hay un silencio doloroso.

No son manos, tampoco golpes de puño.

 

Te escucho al otro lado.

Escucho que la besas.

Tock. Uno más.

 

Escucho tus suspiros; la mujer se siente exaltada.

Tock.

¿Son sus cabezas chocando en mi puerta?

 

Siento, tras la fina pared, cómo la tocas,

cómo la miras,

cómo la deseas.

Lo que no siento es eso…

la divina y dolorosa sensación.

 

Basta de tocarla

si no quieres tu vida junto a ella.

 

Escucho cómo la tienes débil,

arrodillada a tu merced.

El excitante acto se vuelve impuro, insignificante.

 

Tock. Tock.

Ahora sé que es su cabeza.

 

¿No saben que estoy aquí?

Tock. Tock. Tock.

¿Por qué con tanta violencia?

 

Quizás así la estremeces,

la tientas,

débil y dulce piel carnosa.

 

El frío me recorre,

me abraza,

me perdona.

Me consuela haber escuchado

cómo seduces a la otra mujer.

 

Tock.

Suave, lento.

Van despacio, frenando.

 

¿La viste llorar?

Yo estoy llorando.

 

La puerta se abre.

La ventana se cierra.

 

Finjo la demencia.

Finjo amarte todavía.

 

La veo irse.

Está perdida.

No sabe quién eres.

 

Yo lo sé.

Y voto por mi silencio.

Te amo.