Es imposible disimular
lo que siento por ti,
cuando mis ojos te delatan
más que mil palabras.
Hoy finjo calma,
no por falta de emoción,
sino por respeto al aire que te envuelve,
para no ser tormenta en tu estación.
Pero no pienses que me alejo,
mi admiración no cesa,
sólo cambia de forma:
ya no grita, sólo reza.
Te contemplo como se mira
una obra de arte sagrada,
como se admira el cielo
cuando cae la madrugada.
En silencio y en paz
te observo desde lejos,
mi corazón se vuelve anónimo
pero en mis versos, dejo reflejos.
Algún día, en un poema,
sabrás que eras tú,
la musa callada
de cada palabra que surgió de mi luz.