A veces es eso, muchas
veces, más de cuatro veces,
sientes como sentiría si sintiese
un queso Emmental, superficie
lunar llena de cráteres, falta
de consistencia en lo que concierne
a la carne, y nos impulsa un impulso
a llenar todos esos huecos, con lo que
sea, con lo que tengamos a mano
y sirva para llenar cosas, el horror vacui
nos asola por dentro, y comenos hasta
saciarnos para olvidar cuando lloramos,
cuando una pena dentro es grande, o
por un amor que se desempaqueta al aire
y se pierde invisible, y es que ese saberse vacío,
ese desamparo de cuando fuimos niño
a la puerta del colegio esperando a mamá,
sigue reina que te reina en nuestros mares, y
somos, sí, quesos Emmental rodando quién
sabe hasta dónde, ni cómo, ni por qué.
A veces, creo, nos pasa eso,
y lo bueno del cuento es que eso, sí,
solo pasa a veces.