Leoness

BK en espontáneo y viento

En BK, donde el viento tiene dedos de piano y gime,

la noche se dobló como un reloj de Dalí a mis pies.

\"Un taxi, por favor\", soltaste, y tu voz -hilo de rime-

cosió mi sombra a la tuya, al derecho y al revés.

 

¿Eras Carole o un eco que el espejo olvidó nombrar?

Tus ojos, dos lunas de cuarzo bebiendo la ciudad,

mundos que rutilan un charco, risas de escarcha al vibrar,

mientras el asfalto vestía de plumas y de irrealidad.

 

Hablamos sin relojes, pues el tiempo era un pez ciego,

tu pelo se enredaba en la brisa como un velo de gas neón.

Cada gesto, un sol blanco y negro explorando en un juego,

un puerto de nubes donde mi alma encontró su estación.

 

Y cuando la noche, cansada de ser negra, quiso claudicar,

con un \"adiós\" de humo, un adiós tejido en seda y sal,

nuestros labios se hicieron raíces, sin miedo a dudar,

un beso de mercurio, eterno, fuera del bien y del mal.

 

Quedó en BK el fantasma de tu risa y mi afán,

el tesoro de tus ojos guardado en un cofre de viento.

De aquella noche fría, donde los semáforos ya no están,

me queda tu beso: un faro de nieve en mi pensamiento.

 

¡y la noche heló el lienzo de mis ambarinas pupilas!