Ha pasado casi un año desde que mis pensamientos en un lienzo se han volcado;
ha pasado casi un año desde que la muerte vino por mí en un ocaso.
Desde entonces, lo que soy se ha evaporado,
no he vuelto a mirar la luna sin sentir mi alma llorar,
no he vuelto a sonreír sin sentir que el corazón se va a salir.
¿Qué será de mí? ¿Qué fue de mí?
Si ese día morí, ¿por qué sigo aquí?
Dame, Dios, la respuesta,
no quiero perder la cabeza.
Camino entre sombras que pronuncian mi nombre,
preguntas sin respuesta, silencios que dicen mucho, vacío sin igual.
Siento que la vida me ha golpeado, que funciono por simple naturalidad;
cuánto daría, por volver a volar de emoción, por sentir la vida con color.
La vida pesa cuando el alma está rota,
pero si sigo aquí, quizá no sea en vano,
quizá el vagabundo encuentre el propósito;
Esta herida sangra, pero sé que también me levanta. Si fuerte soy, las cadenas se romperán, volverá el poeta perdido, las letras brotarán de mi corazón sin temor.
Sé que en medio de la ruina
aún susurro tu nombre, Señor.
Y aunque me sienta roto por dentro,
aunque me nuble la desesperación,
si hay un amor que aún me sostiene,
tal vez no murió del todo mi corazón.
(Este poema es una representación de una historia ficticia). Gracias por leer.