Haberte amado un sábado, desnudo y sin ombligo. Un sábado de lluvia fría en un lecho de espino.
Haberte besado el alma y con caricias sin destino, bajándome por tu espalda hacia tu nido escondido.
Haberte lamido el cielo con ojos de claro olvido y sin quejas ni preguntas hubiera seguido el destino