El hombre de la orquidea

El tesoro en el día del amor

 

I.

Despierto en este día señalado,

con su sombra abrazando mi memoria;

el primer pensamiento es su legado,

la página más dulce de mi historia.

II.

Mis oídos aún vibran con su acento,

en la ficción mis ojos ven su luz;

mi alma salta con un sentimiento

que es, al mismo tiempo, gloria y cruz.

III.

Hoy la orquídea en silencio le dirá

que siempre la amaré con pasión;

que el perfume que el viento llevará

es el eco de mi entera protección.

IV.

Fui el caballero fiel que la cuidaba,

fui escudo contra toda adversidad;

pero también el alma que esperaba

las migajas de su esquiva voluntad.

V.

Fui mendigo de amor frente a su puerta,

pidiendo solo un poco de atención;

hoy mi mano, aunque vacía, queda abierta

para elevar a Dios esta oración.

VI.

Le doy gracias al Cielo por tenerla,

por todo lo que un día recibí;

aunque hoy mis ojos dejen de verla,

yo bendigo el momento en que la vi.

VII.

Que Dios la cuide en este día especial,

que la proteja siempre en su camino;

que la libre de todo sombra y mal,

y le otorgue un bendecido destino.

VIII.

Feliz día del amor, aunque no esté,

pues vive aquí clavada en mi existir;

con caballerosidad la respetaré,

mientras mi pecho aprenda a resistir.

IX.

Que le lleguen las dulces melodías,

los mensajes que ella misma eligió;

que se llenen de luz todos sus días

con el amor que ella seleccionó.

X.

En mi soledad guardo este tesoro,

un cofre de oro para mi agonía;

donde guardo el secreto que yo adoro

y el \"Te amo\" que fue mi epifanía.

XI.

Aquel trozo de papel es mi estandarte,

el pacto que mi alma no rompió;

aunque hoy deba de mi vida apartarte,

mi integridad el tiempo la forjó.

XII.

Avanzo paso a paso en el sendero,

creciendo en el silencio y el dolor;

siendo siempre un hombre verdadero

que no sabe de odio ni rencor.

XIII.

Nadie podrá imitar lo que yo siento,

ni este respeto que es mi gran blasón;

lo entrego todo en este cruel momento

en un acto de fe y de redención.

XIV.

Que mi oración le sirva de amuleto,

aunque ella nunca sepa de mi ruego;

yo mantendré mi amor bajo secreto,

con la pureza de un sagrado fuego.

XV.

Descanse mi alma en esta despedida,

honrando lo que fue y lo que es real;

llevando para el resto de mi vida

este amor puro, eterno y señorial.