No fue justo para vos
lo sé,
ni para esta sangre
que me riega el pecho,
que le falta el fuego
de los muertos dignos,
para esta sangre
que le sobra el alma,
y que aún no conoce
el verde olivo,
más sólo aquel verde
mal llamado esperanza.
No es justo
para el amigo que me escucha,
para el desafortunado que me lee,
y más aún para aquel
que me comprende.
Hoy,
se me han muerto las manos,
no hay más
que uno pueda inventar.
No hay carta
que logre abrir tus ojos.
Ni tiempo
que nos resguarde una espera.
Quedó tanta ilusión
de tantos cuentos
colgados como flores
en los arboles de esta calle,
que ahora,
ya no sé
qué hacer con esta vida
que me sobra.