CENIZA Y TERCIOPELO
La cafetera marca el pulso de mi soledad,
el humo escribe nombres que no quiero leer.
He puesto un disco viejo para no escuchar
el ruido de este invierno que empieza a doler.
Las sombras en el techo bailan un blues,
buscando un rastro tuyo que la luz borró.
Hay un silencio espeso, casi de cristal,
que se quiebra si intento pronunciar tu adiós.
Me sobran las palabras, me falta tu sal,
me queda este vacío que inventamos los dos.
La noche es una herida que no sabe cerrar,
y el tiempo es un veneno que aprendí a tomar.
Porque hay un fuego lento que no se apaga,
una espina de seda que se clava y me halaga.
Eres el blues amargo que corre en mis venas,
la gloria bendita de todas mis penas.
En el bar de mi alma siempre hay un lugar
donde el olvido no sabe entrar.
No me pidas que suelte lo que me mantiene vivo,
aunque sea este dolor, aunque sea este castigo.
Prefiero este infierno de terciopelo y gas
que un cielo vacío donde tú ya no estás.
No me pidas que te deje ir.
Porque hay un fuego lento que no se apaga,
una espina de seda que se clava y me halaga.
Eres el blues amargo que corre en mis venas,
la gloria bendita de todas mis penas.
Ceniza y terciopelo…
eso es lo que queda.
Un acorde suspendido,
una puerta que se queda abierta.
En mi soledad sigo escuchándote,
donde el olvido no sabe entrar.