No soy el eco de voces ajenas,
ni la sombra dócil de un pensamiento heredado.
Soy raíz que rompe la piedra,
soy fuego que no pidió permiso para arder.
Mi idiosincrasia no se negocia,
nació del polvo, del golpe y de la esperanza.
Es cicatriz convertida en mapa,
es caída transformada en enseñanza.
Mientras el mundo insiste en moldear almas,
yo esculpo la mía con rebeldía serena.
Porque ser distinto no es un defecto,
es el acto más puro de resistencia.
Mi idiosincrasia es memoria y futuro,
es sangre que recuerda y sueña.
No vine a copiar destinos ajenos,
vine a escribir el mío… aunque tiemble la tierra.
Y si el viento pregunta quién soy,
responderé sin bajar la mirada:
Soy la suma de mis luchas,
y la voluntad de no ser jamás reemplazado.