Sereno el canto del agua
En el pedregal de furtivos, negros pensamientos.
Sereno el sin fin de sentimientos
Hechos cauce entre laberintos
Que muerden la cordura.
Sereno el árbol de cenicientos ramajes
Que enredan esa última plegaria
Dirigida a un dios que también grita un Nunca.
Serenos la música y el canto ciego de aquel jilguero
que muere sin razón entre viejos limoneros.
Serenos los pétalos de aquella rosa
cuya belleza borró la luna.
Negados el saber y la barca sin aspas
Que ruedan sin razón en un mar que clama.
Serena la omnisciente sílaba que escribís enamorada
Sin saber nunca que es vigilia presa,
que es la última…
(Patricia)