José Luis Barrientos León

Ocaso rebelde

 

No acepto el rincón, ni el salmo, ni el letargo.

Mi vejez no es el residuo de una hoguera que se apaga,

sino la geometría del rayo habitando mi osamenta.

 

Soy un axioma de luz que se filtra por los poros de la sombra:

un lenguaje de incendios que la carne ya no puede contener.

 

Que el universo se rinda ante mi última arquitectura:

esta oscuridad no es falta, es exceso de sol concentrado,

una dialéctica de astros que se muerden el centro.

 

¡Miren cómo mi sangre, cansada de ser río, se vuelve relámpago!

No muero en el tiempo; me disuelvo en mi propia victoria luminosa,

siendo yo mismo el origen, la chispa y el incendio del vacío.