La quise y por quererla casi muero
sufriendo cada día su rechazo
queriendo que me diera un tierno abrazo
y junto con sus brazos un te quiero.
La quise y por quererla el desespero
se fue albergando más en mi regazo
y el alma poco a poco hecha pedazo
moría como muere un prisionero.
A pausas me mataba aquella angustia,
pausada iba la vida por las calles
pensando en el deseo de tenerla;
mas iba, entristecido por los valles,
buscando con el alma toda mustia
el brillo de la hermosa y dulce perla...