Siempre habrá un reloj que insista, o una calle que bostece, o tal vez un poco de agua que no termina de hervir.
Entonces la sostienes.
Una simple taza tibia entre las manos.
No es el café, ni el vapor que se deshace en el aire, es ese gesto sencillo de abrazar algo frágil sin romperlo.
El mundo podría derrumbarse en titulares, y qué sé yo, en cuentas por pagar, o en alguna despedida que aún no cicatriza.
Pero aveces basta con sentir el calor avanzar por los dedos, para recordarte que sigues vivo, y que todavía puedes sostener algo sin que se escape.
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Rafael Blanco López
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