Escribo habitualmente,
pero nadie me lee ni una palabra ni una frase,
es algo que me ocurre...
Y camino por la calle,
con la dureza de ser un soñador a cada instante,
con un mohin de inteligente...
Mas una hora después,
la última esperanza que conservo me reprende,
por querer ser importante...
Y me ordena con certidumbre,
que de nuevo empiece a caminar bajo el sol viajante,
con sencillez en creciente...