A mí padre
Corrí desesperada,
tropecé más de tres veces,
grité sin que me escuchará
y en un mar de lágrimas
el pánico me estremece.
Un remolino de gente
más y más de él me alejaba.
La estación se hacía más larga
y por más que intenté
a él no llegaba.
De pronto un sepulcral silencio
Un vacío total, la nada.
Solo él en el tren con su mirada triste
me sonría con nostalgia
Lentamente llegué hasta el
y me detuvo antes de que me apeara
—No mi niña, este no es tu tren
seca esas lágrimas —
Entendí con su silencio y su mirada sabía
que esa era su adiós que aún me lacera el alma.
Está despedida eterna me dejó temblando
pensando cada día si en alguna estación de tren
mi padre aún me estará esperando.
Odette Cinta Tovilla