π‘€π’Άπ“‹π“Žβ€οΈ

πŸŒΈβ€œπ’π¨π₯𝐭𝐚𝐫 π­πšπ¦π›π’Γ©π§ 𝐞𝐬 π¨π›πžππžπœπžπ«β€πŸŒΈ

Había un viento que conocía tu nombre

y entraba por mi ventana sin pedir permiso,

trayendo el olor de tus brazos,

esa costumbre antigua

de sentirme pequeña

cuando me abrazabas.

 

Anoche te ...

No como los hombres que se aparecen en la memoria,

sino como una presencia tibia

que intentaba tocar mi mano

desde el borde del arrepentimiento.

Tus dedos estaban a un suspiro de los míos.

 

Y yo…

Yo quería quedarme.

 

Quería que el sueño me mintiera un poco más,

que tu pecho fuera refugio

y no herida.

 

Pero entendí algo

que no se aprende con besos

sino con traiciones:

Hay fuegos que calientan

y hay fuegos que consumen.

El tuyo, amor,

ardía demasiado cerca de mi fe.

Me alejé.

 

No porque no deseara tu abrazo,

sino porque sabía

que tu calor abriría otra vez

la costura mal cerrada de mi alma.

No soy tu redención.

 

No soy la mujer que va a levantarte del polvo.

 

No vine al mundo a salvar hombres

que aún no quieren salvarse.

Eso se lo dejo a Cristo.

Porque lo que no está en mis manos

no me pertenece.

 

Y lo que no me pertenece

no lo persigo.

 

Hoy oro por ti

como quien entrega una carta

al cielo

sin esperar respuesta inmediata.

Que entres en tu desierto.

Que el silencio te limpie.

 

Que el sábado te encuentre

con la frente inclinada

y el orgullo rendido.

 

Y mientras tanto…

Camino.

Con el corazón todavía sensible,

pero ya no encadenado.

 

Si algún día el viento sopla limpio

y mi pecho no sangra al pronunciar tu nombre,

entonces quizás

te recordaré

sin que duela.

 

Pero hoy…

Hoy elijo la paz

aunque me tiemblen las manos.

 

Porque “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará”

(Filipenses 1:6)

Y esa obra,

no depende de mí.

Firmado en silencio ardiente.

 

π“œπ“ͺ𝓿𝔂♥️

12-02-26