Amor…
Te envío esta foto
como si como si fuese un beso en el papel.
Mírala despacio.
¿Notas cómo nuestros ojos hablan?
No es la cámara…
Es el corazón que se nos escapa por los ojos.
Qué cosa tan extraña y tan simple
esto de haberte encontrado.
Entre tanta gente,
entre tantos días iguales,
apareciste tú…
Como si ya conocieras mi nombre
desde antes de decirlo.
Encontrarnos, no fue un relámpago.
Fue algo más hondo.
Más suave.
Como cuando amanece
y la luz envuelve la obscuridad,
pero todo empieza a tener sentido.
Eres la ilusión más real
que he tenido.
Sí, real.
Porque te pienso
y luego sonrío.
Porque te siento
y se me aquieta el miedo, se calman mis latidos.
Es un soritilegio amarte así.
Sin ruido.
Sin prisa.
Con esta certeza apacible
de lo que es verdadero
no necesita permiso.
Prometo amarte siempre.
Y cuando digo siempre
no hablo de palabras grandes,
hablo de los días pequeños:
de la paciencia,
de la espera,
de la distancia que a veces duele
pero no divide.
Que el tiempo haga lo que quiera.
Que el mundo opine.
Que las circunstancias se interpongan.
Yo conozco los sentimientos hacia ti, estos son transparentes
y firmes.
Eres un ser que ilumina la oscuridad, eres el amor en persona.
Y yo…
yo solo quiero tener vida suficiente
para mirarte así,
para elegirte así,
para amarte como mereces.
Nada más.
Nada menos.
Te amo así tal cual con todo y sin nada.
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