Poesía Herética

Calcinar

 

Para quienes han entendido que el amor, cuando arde sin freno, no solo ilumina, sino que calcina; para quienes han cambiado los susurros por aullidos, los sudarios por garras, y los tratos por pactos sellados con dientes en la piel. Que estos versos sean la ceniza que queda cuando el fuego ha devorado todo lo demás: testimonio brutal de que, a veces, ser cicatriz es la única forma de pervivir en el torbellino de dos espectros poseídos por la misma llama sin retorno.